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Reto de escritura: Literautas. Ejercicio 3. Parece que va llover

 Parece que va a llover y he olvidado traerme un paraguas, olvidé recoger la ropa del patio, olvidé tapar la bicicleta con el toldo. Tengo tantas cosas en la cabeza que, a pesar de haber escuchado las noticias del clima esta mañana, olvidé todo respecto a esta lluvia. Suspiro fuerte y vuelvo a fijar mi mirada al suelo, igual ya nada de eso importa porque lo único que deseo es que mi perro se recupere.

No sé cómo sucedió, me culpo a mí misma por no haber sido más cuidadosa. Es difícil mantener una mascota recogida, en especial sabiendo que no es la única que tengo en casa. Estudiar, trabajar, cocinar, y darles de comer, pasearlos, alimentarlos, todo ha sido caótico. Sé que muchos en el vecindario detestan a mi perro, no voy a mentir, es un perro que está lejos de ser perfecto. Ha confundido lealtad y protección con agresividad. No permite a nadie cerca de la casa y eso me ha traído varios problemas, muchas amenazas que temo que esta vez se hayan cumplido.

Está triste, decaído, no quiere comer ni beber agua, sólo está echado y aunque no se queja temo que esté sufriendo y lo más frustrante es que no puedo hacer nada. Tuve que salir en estos momentos para comprarle unas medicinas que mandó el veterinario, placebos más que nada, porque el doctor fue sincero conmigo, jamás había visto algo así en un animal. ¡Qué frustrante era escuchar eso! Que el mismo profesional no sepa qué hacer en esta situación, sólo demuestra lo jodida que está.

Acepto el vuelto de la chica que me atiende y empiezo mi camino de regreso a casa, sintiendo la ligera garúa que empaña mi visión. La impotencia de no saber qué hacer es abrumadora, quisiera que todo esto fuera un mal sueño o que milagrosamente mi perrito se cure. Sé que ninguna de las dos cosas es posible. Las gotas resuenan más fuertes contra el asfalto y la gente ya apresura su paso o busca cubrirse con algo, yo no. No me importa, igual tendré que ir a casa a recoger la ropa y acomodar la bicicleta.

Envuelvo mis brazos alrededor de mi cuerpo para sentir algo cálido mientras sigo caminando, dejo que las lágrimas empapen mi rostro para que pasen desapercibidas con las gotas que me cubren. Quizá muchos no lo entiendan, para otros sea algo tonto y muchos más sólo lo hacen por moda, pero el vínculo entre un amo y su mascota es una de las cosas más valiosas que alguien puede tener y el percibir la posibilidad de perderlo es un dolor que afecta hasta lo más profundo.

No quiero perder a mi perro, es mi compañero, me ha consolado cuando estuve triste, ha disfrutado conmigo cuando estuve feliz y quiero que siga a mi lado por más tiempo, deseo que así sea. Sin embargo, sé que no debo aferrarme. Es tan injusto, pero hay que aceptarlo. Llego empapada a la casa, los tres restantes me mueven la colita emocionados de verme, él sigue recostadito con sus ojos cerrados. Me acerco y le brindo un abrazo, me da una débil lamida y yo lo aprieto con más fuerza. Entre sus patitas me pongo a pensar que, así como la lluvia cesa, esto pronto acabará. Él saldrá invicto y volverá a jugar conmigo, a comer y a ladrar como antes. Juntos saldremos de esta. De eso estoy segura.

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