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Reto de escritura: Literautas. Ejercicio 12. Manzanas traigo.

 Cuando entró se dio cuenta que había una manzana sobre la mesa, creía que esas costumbres habían pasado de moda. Para ser su primer día de trabajo como maestra en la escuela no le estaba yendo tan mal como había pensado. Todos eran amables y atentos con ella, ningún niño le había causado problemas y sus compañeros de trabajo la trataban con respeto. Y ahí era donde radicaba el problema.

Quienes estaban a su alrededor le habían advertido que no se dejara dominar por esos sentimientos, que el mundo no estaba en su contra, pero ella no podía evitar sentirse así. Sentía que la observaban todo el tiempo, esa amabilidad y atención eran parte de un plan de quienes querían secuestrarla y quitarle cualquier clase de información que tuviera en su mente. Desde muy pequeña se había sentido de esa forma, sus padres le dijeron que ignorara esos pensamientos y que se comportara de una manera más “normal”. Hasta ahora de adulta, lograba entender qué quisieron decir con aquello.

Terminando la jornada fue hacia su escritorio para tomar las pastillas, eran las únicas que mantenían las voces calladas. Las voces... esas también la acompañaron desde pequeñita. Fueron quienes le dijeron que su pajarito sobreviviría si lo echaba a la tina del baño, que su cachorro se alegraría si lo abrazaba con fuerza por el cuello, que Brittany merecía el empujón por la resbaladera que le dejó el brazo roto cuando estudiaron juntas en el kínder. Y aún hasta el día de hoy le siguen diciendo que debería deshacerse de quienes le siguen mirando con desprecio a pesar de que le muestren una sonrisa. Cerró los ojos y decidió volver a casa, mañana sería un nuevo día.

Y fue un día bastante sorpresivo, su jefe le había rechazado su propuesta para el currículo escolar, los compañeros la miraban con decepción cuando vieron las pastillas en su bolso y dos de sus estudiantes se metieron en una extraña pelea y burla hacia su persona delante de toda la clase. Estaba cansada y triste porque, una vez más, las voces en su cabeza tenían razón. Todo mundo estaba en su contra y cada vez que ellos ganaban, ella tenía que hacer lo que le pedían. Sin pensarlo, cacheteó al niño enfrente de la clase quienes miraron atemorizados lo ocurrido, con un grito les mandó a sentarse y continuó con su enseñanza. Esa misma tarde recibió un llamado de atención en la oficina del director. Los padres del estudiante le reclamaban furiosos su proceder, ella no escuchaba, solo veía alguna manera de que todos le dejaran de hablar por una vez. Tomó el bolígrafo que estaba en el escritorio y le clavó la punta en el cuello de su jefe. Los presentes gritaron aterrorizados, ella ahora sonreía. Por fin las voces se callaron. Y en ese momento despertó. Suspiró aliviada al percatarse que todo había sido un sueño, volvió a recostarse en su almohada y dormir con tranquilidad.

Desde el otro lado de los cristales, los doctores observaban su comportamiento y tomaban notas. Carolina había sido ingresada al hospital psiquiátrico hace seis meses debido a un intento de asesinato hacia sus estudiantes de la escuela Hamilton. La paciente había sido una persona sana hasta aquel día que su personalidad cambió por completo luego de que uno de sus estudiantes le había regalado una manzana. Estudios indicaron que el día que madre fue asesinada por su padre, llevaba a casa una cesta de manzanas y que estas habían sido el detonante para esa actitud. Los estudios aún no eran conclusivos y se debían hacer más pruebas. Pero por ahora, la vida de Carolina se reducía a un estrecho cuarto donde su mente le engañaba haciéndole creer que nada había pasado.

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